La escupidera

Mayo 24, 2008

LA EDAD DEL PAVO

Archivado en: Relatos, archivo — lmcm @ 7:20 pm

Avancé sigiloso por el pasillo hasta el quicio de la puerta y estiré bien la cabeza para otear en el interior. Mi cuerpo se tensó como si le hubieran metido una estaca de un extremo al otro, los ojos se lanzaron hacia el círculo de luz que proyectaba la tulipa y permanecieron fijos en él, sin poder apartar la mirada. Allí estaba, tumbado sobre la mesa, flácido y desmadejado.

Por un momento no supe cómo reaccionar, paralizado por lo que acababa de descubrir; temí que me encontraran allí plantado e imaginé con espanto mi propio cuerpo así, tumbado de aquel modo. Su cabeza caía hacia uno de los bordes de la mesa, el cuello laso, abandonado su peso a la gravedad. El resto de su cuerpo yacía sobre un charco de sangre; un reguero rojo fluía a través del tablero hasta el borde, desde donde un hilo se suspendía en el vacío hasta caer en el suelo y salpicar el rodapié blanco de la pared. (más…)

Mayo 3, 2008

Salida nº 167, octubre 2007

Archivado en: Relatos, archivo, cartas — manuel_h @ 9:07 pm

Señor D. Óscar Lavía, Jefe del Departamento Comercial de Hormigones Generados S.L.:

Como seguramente recordará, hace dos años hicimos a su empresa un pedido de vigas y pilares de nueva generación, para la construcción de unos chalets en el término municipal de Castellanos de Moriscos, en la provincia de Salamanca (municipio en el que casualmente, y tal vez por desgracia, yo también resido). En honor a la verdad, debo decir que dicho pedido se hizo a pesar de la oposición de nuestro aparejador, don Tomás Bellín, técnico apegado a la vieja escuela, que no veía ninguna ventaja a la flotabilidad de los materiales de su empresa, y sí algún inconveniente derivado de su ligereza, sin tener en cuenta que dicha ligereza, como ustedes anunciaban, era sólo temporal, para facilitar la construcción. Dicho aparejador nos abandonó (dando gritos incomprensibles y en un estado de nervios bastante inexplicable en alguien que hasta entonces nos había parecido tan serio y dueño de sí mismo), en cuanto desatamos las vigas que llegaron en su primer envío y nuestro peón las descargó, él sólo, de cuatro en cuatro. (más…)

Abril 29, 2008

conjunto vacío

Archivado en: Relatos, brevedad cotidiana — manuel_h @ 2:48 pm

Suelo escribir en el móvil pequeños mensajes que guardo como borradores, no para enviárselos después a alguien, sino para recordar algo, normalmente para escribir sobre ello. Estás en mitad de un concierto, por ejemplo, y el niño de la fila de delante empieza a bailar compulsivamente y a agarrarse una parte de su anatomía que aquí no debo mencionar por no parecer pornógrafo, pederasta y soez, todo a la vez (¡jodida rima!). Entonces, sin prestar atención a las miradas asesinas con las que tu vecino intenta desintegrar el iluminado móvil, escribes: “Mearse en el primer violinista”. Luego llegas a casa, enciendes un cigarrillo y el ordenador (el orden no importa, aunque si en la máquina tienes una mula trabajando, basta con darle fuego al tabaco), y te pones a recrear lo mejor del concierto. (más…)

Abril 28, 2008

Reciclajes

Archivado en: Relatos, brevedad cotidiana — carlosov @ 5:54 pm

Reciclajes

Lo descubrí cuando me fui a vivir a Holanda con mis tíos. Creo que por aquel entonces aquí desconocíamos hasta la palabra. Al menos, no recuerdo que nos hablaran de ella en el colegio, y de seguro no aparecía en ningún libro de texto. Así que cuando mi tía me explicó por qué tenía tres cubos de basura en lugar de uno, me chocó bastante. Y es que en esto del reciclaje, hay que reconocer que los nórdicos son unos pioneros.

Al principio me pareció complicado. Había un cubo para tirar las latas y los envases de plástico, otro para los botes de vidrio y uno más pequeño para los desperdicios vegetales. Con estos últimos, mi tío hacía compost y abonaba el jardín. Además, cada sábado, una cuadrilla de niños en bicicleta se pasaba por las casas del barrio, recogiendo periódicos viejos, revistas y cartones. Luego los llevaban a la escuela, y la escuela los vendía a la fábrica de papel. Y es que para esto de hacer negocios, hay que reconocer que los nórdicos tampoco se quedan atrás. (más…)

Abril 27, 2008

deportes de contacto

Archivado en: Relatos, brevedad cotidiana — manuel_h @ 4:35 pm

Hace unos días, Felipe saboreaba por la Rúa Mayor un impresionante helado del Novelty, cuando una especie de terremoto en forma de energúmeno de ciento cincuenta kilos se le tiró encima. En un momento, Felipe estaba en el suelo, inmovilizado, y la fiera, sentada a horcajadas en su pecho, se inclinaba sobre él hasta que las caras se encontraban a diez centímetros escasos. El helado había salido volando en el susto inicial, aunque pude cogerlo al vuelo. Estaba rico. A Felipe no le gusta que le prueben los helados. La aparición escupía palabras cerca del oido de mi amigo, resignado a escucharlas una y otra vez, hasta que se cansara. Debía de ser un día propicio, porque a lo largo de la calle, que no es muy larga, como sabéis los que conocéis Salamanca, se veía por lo menos a media docena de personas sometidas al mismo trance. (más…)

Abril 24, 2008

El comedor (versión 2.0)

Archivado en: Relatos, brevedad cotidiana — lmcm @ 11:51 pm

Aún no es la hora pero ya hay un grupo de personas ante la puerta de cristal. Las cortinas de visillo están corridas, negrean, la luz que se atisba dentro las clarea. Tomás, recién llegado, se acerca a la puerta, escudriña tras el vidrio, lo golpea con los nudillos.

Los otros le miran torcido, gesticulan, protestan. Él se vuelve, les hace un aspaviento, chasca la lengua, mueve la cabeza a los lados y se retira al final de la cola. Todos se conocen, coinciden día a día desde hace tiempo, aquí, a la misma hora. Todos esperan, dos en el suelo, la espalda contra la pared.

Tomás toma del brazo a un hombre maduro, con barba y melena; protesta, le quita la mano, hoy no quiere volver a escuchar la historia del viejo. Él insiste, se le acerca de nuevo, apoya en su hombro una mano y le cuenta:

––Aquel día compré un décimo del Niño, tenía una corazonada. Nunca tuve suerte, ni siquiera en los sorteos de las revistas de misiones de la escuela, pero presentía que esa vez un servidor de ustedes, Tomás Chávez Santos, iba a dejar de lado el sobrenombre del desgraciao para colgarse el de a-gra-cia-do. Y van… y me roban la cartera. (más…)

Abril 21, 2008

El comedor

Archivado en: Relatos, brevedad cotidiana — lmcm @ 10:48 pm

Aquel día compré un décimo del Niño, tenía una corazonada. Nunca tuve suerte, ni siquiera en los sorteos de las revistas de misiones de la escuela, pero presentía que esa vez un servidor de ustedes, Tomás Chávez Santos, iba a dejar de lado el sobrenombre del desgraciao para colgarse el de a-gra-cia-do. Y van y me roban la cartera. (más…)

Viejas costumbres

Archivado en: Convento científico, Relatos — gaiamoridin @ 4:58 pm

Sor Teresa caminaba por el claustro todo lo rápido que le permitían las faldas del hábito, su aceleración aumentaba a cada paso y la distancia que la separaba de la puerta de madera disminuía a la vez que crecía la que la alejaba del punto de origen. Al llegar se colocó la falda y llamó tres veces a la puerta. El golpe se propagó a través de las moléculas que conformaban la estructura de madera e incrementó su energía interna. En el otro lado se oyó una voz suave que invitaba a entrar. Teresa giró el picaporte y cerró de nuevo al encontrarse dentro. El despacho de la madre superiora era acogedor y austero. Por muchas abadesas que pasasen por el convento, ese despacho observaba inmutable el paso de todas ellas. Siempre estable, como un átomo de neón o argón, o como cualquiera de los gases nobles. La mujer que se sentaba tras el escritorio la miraba con dos ojos oscuros que parecían recriminarle algo, aunque su boca expresaba una cálida sonrisa. En los años y medio que llevaba en el convento nunca la había visto sonreír de verdad, también con los ojos, a veces pensaba que eso era tan imposible como llegar a medir la velocidad de un electrón y averiguar donde se encuentra al mismo tiempo. (más…)

Abril 19, 2008

verdades que no necesitan demostrarse

Archivado en: Convento científico, Relatos — manuel_h @ 8:33 pm

Hace unos días, en una librería de viejo de la calle Arniches, en Madrid, se me tiró a las manos un ejemplar extraordinariamente conservado de la edición que Espasa Calpe hizo del “Principia mathematica” de Russell y Whitehead en 1932. Tal fue mi turbación que ni me atreví a abrirlo. Pagué religiosamente lo que me pidieron por él y me lo traje a casa, con la intención de no tocarlo hasta que dispusiera de tiempo suficiente para saborear tranquilamente cada página. Hoy, por fin, tras el almuerzo de todos los viernes con los colegas, me pude acomodar en el despacho con una taza de café, el paquete de cigarrillos, y el libro. En cuanto lo abrí, me encontré con unos folios casi amarillos cuidadosamente doblados. Aparté el libro para resolver esta pequeña interrupción, desdoblé los folios y empecé a leer: (más…)

Abril 16, 2008

ECOS DE CLAUSURA

Archivado en: Convento científico, Relatos — lmcm @ 11:02 pm
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La madre abadesa entró en la capilla del convento en una hora vespertina en la que dicho espacio recibía una cantidad exigua de luz. Ante la ausencia de energía lumínica en el espectro visible de sus hábitos, éstos no se distinguían de las sombras grises que se proyectaban por todo el área del paralelepípedo de base rectangular que definían los muros de la iglesia. (más…)

Venus atrapamoscas

Archivado en: Aquel lugar, Relatos — lmcm @ 6:48 am
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Era la que buscaba, justo como me la había imaginado. No tenía la menor duda de estar frente a la definitiva, de haber encontrado mi sitio.
–-Ocho casas ya es bastante, te dejas un poquito en cada una y si sigo así acabaré desintegrándome. Pero estoy seguro de que a la novena va la vencida –-le dije a Olalla mientras empacábamos mis bártulos.
Desde hacía dos meses disponía en usufructo de un cuarto en la casa de un amigo; el plazo de disfrute de estos bienes ajenos estaba a punto de vencer, como el verano, y los inquilinos por derecho a punto de volver al piso compartido. (más…)

Abril 11, 2008

paréntesis

Archivado en: Aquel lugar, Relatos — manuel_h @ 6:04 pm
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Al final de la calle Río Malo hay un viejísimo edificio de cuatro plantas abandonado que van a tirar. Hace unos días, se le ocurrió a Inés que debíamos entrar a ver qué quedaba. Su idea era que nos repartiéramos las viviendas, y que cada uno escribiera una historia a partir de lo que fuéramos encontrando. Hasta ahí, era una chiquillada disfrazada de concurso literario. A Emilio le encantó, claro, y quiso convencernos para que lo hiciéramos de noche, pero hasta las tonterías tienen un límite. Sin desanimarse por el revés, preguntó también por el premio; Inés se quedó pensando unos segundos y luego dijo: El premio soy yo. Fernando dio un bote en la silla y ya no hubo forma de volvernos atrás. (más…)

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