La escupidera

Mayo 24, 2008

LA EDAD DEL PAVO

Archivado en: Relatos, archivo — lmcm @ 7:20 pm

Avancé sigiloso por el pasillo hasta el quicio de la puerta y estiré bien la cabeza para otear en el interior. Mi cuerpo se tensó como si le hubieran metido una estaca de un extremo al otro, los ojos se lanzaron hacia el círculo de luz que proyectaba la tulipa y permanecieron fijos en él, sin poder apartar la mirada. Allí estaba, tumbado sobre la mesa, flácido y desmadejado.

Por un momento no supe cómo reaccionar, paralizado por lo que acababa de descubrir; temí que me encontraran allí plantado e imaginé con espanto mi propio cuerpo así, tumbado de aquel modo. Su cabeza caía hacia uno de los bordes de la mesa, el cuello laso, abandonado su peso a la gravedad. El resto de su cuerpo yacía sobre un charco de sangre; un reguero rojo fluía a través del tablero hasta el borde, desde donde un hilo se suspendía en el vacío hasta caer en el suelo y salpicar el rodapié blanco de la pared. (más…)

Mayo 18, 2008

El ratón

Archivado en: archivo — manuel_h @ 5:17 pm

Lo miré de reojo, con prevención, pero ni se me ocurrió acercarme más a él. Parecía quieto, tranquilo; podría parecer incluso dormido, pero a mí no me engañaba: Sabía que al menor movimiento se revolvería sobre sí mismo y nos enzarzaríamos otra vez en la misma lucha que yo volvería a perder. Y sin embargo… tenía que hacerlo. Llevábamos ya varias horas frente a frente, y casi desde el principio fue evidente que uno de los dos, seguramente yo, no iba a salir bien parado del enfrentamiento. (más…)

Mayo 5, 2008

La tierra buena

Archivado en: archivo, cartas — lahueca @ 7:21 pm

Querido Joan:

Qué extraño me resulta escribirte ahora, después de tantos años de tenerte lejos. Sé que sigues dando clases de botánica en París. Me lo dijo Aldo Gracés cuando le llamé para preguntarle tu dirección postal. A fuerza de distancia nos hemos convertido en dos extraños y sin embargo, lo que voy a contarte tiene más sentido para ti que para nadie, sin contar, tal vez, a Lupe.

Recuerdas a Lupe. Yo me quedé aquí, sin ella, mientras tú te marchabas para olvidarla y dejabas a medias nuestra tesis conjunta sobre plantas acuáticas. De vez en cuando extraño todavía aquella pasión compartida por los ejemplares raros de criptógamas, flotantes y ciénaga. Nada, sin contar, tal vez, a Lupe, ha vuelto a cautivarme tanto. (más…)

Mayo 4, 2008

Por los pelos

Archivado en: archivo, cartas — lmcm @ 6:38 pm


No sé cuánto más aguantaré esta espera, es mucho el tiempo que ha pasado; el suelo del jardín está ya cubierto de hojas, los rosales perdieron sus colores y las zinias desistieron de dar más flores. Tumbado en el porche de la casa, en el que pasamos tantos ratos mudos, solo siento frío y soledad. Estoy solo dentro y fuera, alrededor todo calla, las casas vecinas mantienen día y noche los ojos cerrados, vacías también, como yo.
Hoy, cuando llegué a casa después de mitigar la soledad con unas copas, la luz de la luna inundaba el salón de abajo, como la noche en la que te fuiste, desde la que todo se ha acabado de desmoronar. Cuando los endemoniados pelos se empezaron a multiplicar día tras día socavaron nuestras vidas y dieron lugar a este abandono en el que aún crecen y crecen sin cesar. (más…)

Mayo 3, 2008

Salida nº 167, octubre 2007

Archivado en: Relatos, archivo, cartas — manuel_h @ 9:07 pm

Señor D. Óscar Lavía, Jefe del Departamento Comercial de Hormigones Generados S.L.:

Como seguramente recordará, hace dos años hicimos a su empresa un pedido de vigas y pilares de nueva generación, para la construcción de unos chalets en el término municipal de Castellanos de Moriscos, en la provincia de Salamanca (municipio en el que casualmente, y tal vez por desgracia, yo también resido). En honor a la verdad, debo decir que dicho pedido se hizo a pesar de la oposición de nuestro aparejador, don Tomás Bellín, técnico apegado a la vieja escuela, que no veía ninguna ventaja a la flotabilidad de los materiales de su empresa, y sí algún inconveniente derivado de su ligereza, sin tener en cuenta que dicha ligereza, como ustedes anunciaban, era sólo temporal, para facilitar la construcción. Dicho aparejador nos abandonó (dando gritos incomprensibles y en un estado de nervios bastante inexplicable en alguien que hasta entonces nos había parecido tan serio y dueño de sí mismo), en cuanto desatamos las vigas que llegaron en su primer envío y nuestro peón las descargó, él sólo, de cuatro en cuatro. (más…)

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