Suelo escribir en el móvil pequeños mensajes que guardo como borradores, no para enviárselos después a alguien, sino para recordar algo, normalmente para escribir sobre ello. Estás en mitad de un concierto, por ejemplo, y el niño de la fila de delante empieza a bailar compulsivamente y a agarrarse una parte de su anatomía que aquí no debo mencionar por no parecer pornógrafo, pederasta y soez, todo a la vez (¡jodida rima!). Entonces, sin prestar atención a las miradas asesinas con las que tu vecino intenta desintegrar el iluminado móvil, escribes: “Mearse en el primer violinista”. Luego llegas a casa, enciendes un cigarrillo y el ordenador (el orden no importa, aunque si en la máquina tienes una mula trabajando, basta con darle fuego al tabaco), y te pones a recrear lo mejor del concierto.
Claro que alguien puede pensar, con alguna justificación, que para qué escribir una nota sobre algo que no se nos va a olvidar. Craso error: Todo se nos puede olvidar. ¿Qué pasaría si al salir del concierto nos secuestrara una banda organizada que están celebrando una despedida de soltero, y amanecemos, sin saber cómo ni por qué, tirados en algún oasis africano vestidos únicamente con un camisón de mujer? (¿que no es posible? Lean, lean “El novio del mundo“). Pues que tendríamos mucho en qué pensar y se nos olvidaría algo tan trivial como un niño que se hacía pis en un concierto. Sin embargo, si lo hemos dejado escrito, algún tiempo después, recuperadas la verticalidad y el resto de la vida habitual, podremos volver sobre aquella idea genial, de esas que sólo la realidad puede proporcionarnos.
Hay que añadir que, lamentablemente, no todo es tan sencillo. Ayer, enfangado en la habitual carencia de ideas de las últimas décadas, miré los borradores del móvil, y me encontré con uno que decía: “Agujetas en el culo”. Interesante idea, pero ¿cuándo lo escribí, y por qué?, ¿de qué me tengo que acordar? ¿Por qué no escribo borradores más extensos? ¿Lo escribí mientras veía algún debate en la tele? ¿En alguna árida exposición? ¿En la primera comunión de algún sobrino? ¿En aquel partido de tenis en el que yo parecía el recogepelotas y el de enfrente tenía pinta de McEnroe resucitado? ¿En alguno de los muchos talleres de escritura de los que consiguieron echarme? ¿El día que se me ocurrió decir “¡pues claro que subo en bici esa cuesta!?… No sólo no sé, sino que hasta me parece que estoy volviendo a sentirlas (las agujetas… ahí).
Pero así y todo, incluso cuando la memoria sigue tan plana con notas al margen como sin ellas, han de reconocer conmigo que dejar borradores en el móvil tiene cierta, aunque difusa, y a veces incomprendida, utilidad cuando queremos escribir cualquier tontería.…cuatrocientas cincuenta y nueve palabras, más estas del epílogo… yo creo que hemos cumplido.
Abril 29, 2008
conjunto vacío
1 comentario »
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La incorporación de la actualidad con los hipertextos abre nuevas posibilidades. Algún día podemos explorarlo un poco más como ejercicio. Tomando, eso sí, un poco de azúcar previamente por eso de las posibles agujetas…a lo mejor viene de ahí.
comentario por Luis Cema — Abril 29, 2008 @ 5:42 pm