La escupidera

Abril 21, 2008

El comedor

Archivado en: Relatos, brevedad cotidiana — lmcm @ 10:48 pm

Aquel día compré un décimo del Niño, tenía una corazonada. Nunca tuve suerte, ni siquiera en los sorteos de las revistas de misiones de la escuela, pero presentía que esa vez un servidor de ustedes, Tomás Chávez Santos, iba a dejar de lado el sobrenombre del desgraciao para colgarse el de a-gra-cia-do. Y van y me roban la cartera.

Me acordaba del número perfectamente –el diezmilsetecientoscincuentaysiete- pero pensé que si Dios existía no iba a recompensar doblemente al ladrón con un boleto premiado.

––Para una vez que me toca algo, van y me lo roban. ¡Hay que tener la suerte en el culo! ¡Una mierda pinchá en un palo! ––me desahogué voz en grito delante del kiosko El paraíso cuando me enteré que a la terminación 757 le habían tocado 100 euros.

Fue la prueba de que dios no existe, algo que yo ya venía sospechando desde mis tiempos de monaguillo con don Zósimo, que en la parroquia hacía de su alba un sayo. Pero, vamos, que tampoco había ninguna necesidad de demostrarme su inexistencia de esta manera.

Había invertido todo mi capital en ese negocio, y se fue al garete por culpa de un chorizo. Y aquí sigo viendo cómo las alubias flotan viudas en el caldo en busca de una morcilla inexistente. Caen diez o doce piezas en cada golpe de cuchara que se hunde en el plato. Un día y otro me siento a esta mesa con el hule de cuadros verdes que se me pega a los brazos. Ya va para tres años, de lunes a viernes, semana a semana, mes tras mes, de enero a diciembre, un año tras otro.

Las voluntarias van y vienen poniendo y quitando platos, meten los cazos en las perolas, sirven las raciones, sonríen, bromean. Alguna voz sobresale, rompe el silencio marcado por el ruido de los cubiertos al golpear o arrastrarse sobre la loza.

Al salir hago cola para recoger los bocadillos del fin de semana, como todos los viernes. El comedor cierra hasta el lunes.

Luis Cema

© LMCM Abril 2008


2 comentarios »

  1. Seguimos con religión, eh! Ya, es que da para mucho. Perfectamente comprensible el cabreo del hombre, pero debía estar ya acostumbrado a “saborear” las pruebas de la inexistencia de dios.

    No sé si lo he entendido bien, o en el final hay algo que se me escapa. Pero si no se me escapa nada, entonces me da la impresión de que tenías que haber dejado para el final alguno de los dos sustos que el pobrecito se lleva (el robo, o que encima le toque la terminación), en vez de soltarlos en los primeros párrafos, porque luego se queda uno como esperando a ver qué más pasa, y no pasa nada más. Vale que esto también sirve (aceleración al principio, tensión… y luego monotonía de alubias y bocatas), pero posiblemente hubiera sido más redondo si se entera del premio a la terminación mientras recoge sus bocadillos para el fin de semana. En fin, no somos nadie y los décimos hay que guardarlos con cuidado (yo no necesito tanto cuidado, porque nunca me toca, pero esa es otra historia).

    comentario por manuel h — Abril 22, 2008 @ 7:22 pm

  2. La verdad es que llevas razón, así que propongo otro a partir del mismo.

    comentario por Luis Cema — Abril 24, 2008 @ 11:52 pm


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