Al final de la calle Río Malo hay un viejísimo edificio de cuatro plantas abandonado que van a tirar. Hace unos días, se le ocurrió a Inés que debíamos entrar a ver qué quedaba. Su idea era que nos repartiéramos las viviendas, y que cada uno escribiera una historia a partir de lo que fuéramos encontrando. Hasta ahí, era una chiquillada disfrazada de concurso literario. A Emilio le encantó, claro, y quiso convencernos para que lo hiciéramos de noche, pero hasta las tonterías tienen un límite. Sin desanimarse por el revés, preguntó también por el premio; Inés se quedó pensando unos segundos y luego dijo: El premio soy yo. Fernando dio un bote en la silla y ya no hubo forma de volvernos atrás.
El domingo por la mañana, muy temprano, en busca de la imprescindible clandestinidad, o a lo mejor sólo por evitarnos la vergüenza de que alguien ajeno al juego se enterara, entramos sin problemas en la casa. Sin problemas porque íbamos con Inés, y esa chica a veces da miedo: Por ejemplo, cuando abre puertas con una soltura pasmosa.
Total, que a las ocho a.m. estaba yo sentado en el desvencijado sofá de skay de algo que un día fue un salón, pensando seriamente en la posibilidad de no moverme de allí en toda la hora que nos habíamos dado de plazo para la investigación. Pero el papel pintado que tenía frente a mí, sin duda a punto de agredirme, y una fugaz imagen de la fauna, pequeñita, sí, pero fauna al fin, que debía habitar en los intersticios del sofá, me hicieron levantarme como si huyera, para colarme en el dormitorio de enfrente y toparme de bruces con la vida que no quería describir.
La pared era fría y desangelada hasta el punto de hacerme añorar la violencia del papel del salón; tenía el tacto viscoso del yeso húmedo de los bares de vino triste, televisión gris y serrín en el suelo; y la recorrían cicatrices envejecidas entre imágenes de una boda que ya nadie recordará, un niño serio hecho marinero y el corazón rayado de un tipo con cara de juez. Cuando quise apartarla ya respiraba el moho amargo del final de solitarias tardes de domingo, el silencio de una espera cruel, la amenaza del fin y su inconfesable deseo.
En el centro del cuarto me encontré, en un revoltijo de ropa sucia sobre una maltrecha cama a medio hacer, todo lo que quedaba: el último reducto de los sueños, el desamparo de los recuerdos desdibujados, el brillo de las lágrimas, la puerta a las pesadillas, la mancha de las enfermedades, el hueco solitario del abandono, las vueltas del aburrimiento feroz, la desganada dejadez, la penuria sentimental, la tristeza devastadora, la desolación del final, el olor de la muerte,.
Ante la amenaza de entablar conversación con un fantasma, me escapé corriendo de allí, esta vez a la calle, a cualquier sitio donde pudiera sentir el sol en la piel o tocar el olor del aire nuevo.
A la postre no participé en un concurso que quedó desierto, porque aunque relatos orales los hubo durante casi toda la mañana, lo que no tuvimos fue jurado y premio: Inés volvió a desaparecer entre aquellas puertas y paredes que no parecían traerle buenos recuerdos. La vimos a mediodía en el bar, y nos callamos cuando Andrés nos preguntó con bastante mala hostia que de quién había sido la idea de hacer de ocupas a nuestra edad.
Abril 11, 2008
paréntesis
7 comentarios »
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me encanta la idea!!!
hace poquisimo que me hice yo un blog y ahroa me encantará compartir uno con vosotros!! es una idea genial, yo me apunto (en cuando tenga ideas, que está visto que no es mi fuerte).
Respecto a este relato, me ha encantado el párrafo en el que describe la habitación cómo si fuera un agujero profundo de recuerdos que poueden olerse y sentirse, de cosas tan intangibles.. Perfecto, de verdad!
Sara
Comment por Ninia - Mar — Abril 11, 2008 @ 7:06 pm
bien, ya somos dos. A ver cuándo se van animando los demás.
manuel
Comment por manuel_h — Abril 11, 2008 @ 7:19 pm
tres!
Comment por manuel_h — Abril 13, 2008 @ 7:58 pm
ya somos cuatroooooo!!
como nos pongamos todos a escribir a la vez…!!
Comment por manuel_h — Abril 15, 2008 @ 7:14 pm
Me sumo y aporto el relato recién salido del horno….
Comment por sobrinit@ — Abril 15, 2008 @ 9:44 pm
Cinco
(jeje)
Comment por El espía — Abril 17, 2008 @ 10:04 pm
jajajaja pues no se que onda este relato pero me rei mucho esta muy bueno
Comment por Mudanzas Internacionales — Septiembre 16, 2009 @ 7:19 pm