Suena el teléfono, nadie lo coge, la planta está vacía, todos marcharon al acabar la jornada. Solo ella, sola frente al ordenador, oye el timbre agudo e impertinente de la llamada que resuena en el despacho de al lado. Los textos bailan en la pantalla, se resisten.
––¡Ahh! Imposible concentrarse con este soniquete de fondo ––murmura. ––Las pruebas tienen que quedar revisadas esta noche, el tiempo corre, mañana a primera hora la revista debe entrar en máquinas, el tiempo se agota, mi paciencia también ––piensa.
Detenida frente al portátil mira los artículos pendientes de valorar que se apilan en un extremo de la mesa; las ofertas de publicidad aún por estudiar que requieren respuesta; el dietario abierto sobre el atril salpicado de notas rojas, citas y asuntos que no admiten demora.
––¡Esto no puede seguir así! ¡No aguanto más! ––masculla entre dientes con la mano presionando la boca, en un intento de frenar una inesperada arcada de rabia. ––Esta situación hace aguas, necesitas salir a flote, recuperar tu vida, recuperarte a ti, dormir y follar, y dejarte de más historias ––se dice a sí misma. ––¡Pero mírate, mujer!, ¿cuándo fue la última vez que te reíste a gusto? Deja de apretar los dientes, grita, desahógate. (más…)